El Diccionario de Autoridades explica así, en fecha
tan tardía para ellos como 1732,
lo que son los ministriles: “Se
llaman los instrumentos músicos
de boca," (se sobreentiende, de
viento) "como chirimías,
bajones y otros semejantes” (cornetas,
sacabuches) “que se suelen tocar
en algunas procesiones y otras fiestas
públicas.
Ministril: Se llama también el
que toca los instrumentos llamados ministriles”.
Como sugiere la definición, los
ministriles participaban en todo tipo
de eventos, en la capilla y en la cámara,
en salas cerradas y al aire libre, en
bailes o en entierros, en acontecimientos
seculares o en las celebraciones religiosas,
en las cuales eran, junto al órgano,
los elegidos para sostener a los cantantes.
Por ello, a los ministriles se les ha
definido, muy acertadamente, como "bisagra
entre lo profano y lo sagrado"
(Luis Robledo) o como "ministriles
para todo" (Martínez Gil).
En espacios cerrados, los ministriles destacaron
sobre todo en la música religiosa.
Sobre todo el bajón, que permaneció
en las capillas españolas hasta la
práctica desaparición de las
mismas, durante la desamortización
de Mendizábal.
Más que los demás, la chirimía
poseía connotaciones alegres y festivas,
por lo que resultaba indispensable para ocasiones
de regocijo como la Navidad o el Corpus e
inadecuada y rechazada en la música
de réquiem.
Y de los otros ministriles nos han llegado
abundantes testimonios de su esplendor en
las iglesias: “Ubo en esta santa iglesia
catedral un sacabuche llamado Gregorio de
Lozoya y es fama que echó a perder
a muchos sacabuches de su tiempo, porque por
imitarle glosando encubrían las faltas
que tenían callando, esto es, tañendo
llano” (Correa de Arauxo, 1626); “el
sonido de la corneta es como un rayo de luz
en medio de las tinieblas cuando se le escucha
destacar entre las voces humanas en la penumbra
de las iglesias y catedrales” (Mersenne,
1636 y Trichet, hacia 1640).
Por lo que respecta a las actuaciones del
conjunto de ministriles en espacios abiertos,
está documentada la existencia de “torres
de la música” en lugares típicos
de paseo (del estilo de la Casa de las Chirimías
de Granada, junto a la ribera del Darro) donde
nuestros instrumentos entretenían a
los viandantes. Así por ejemplo, el
gran musicólogo Pepe Rey nos comunica
esta noticia: “En el Prado de San Jerónimo
de Madrid, cerca de la fuente, aproximadamente
en el lugar que hoy ocupa el palacio de Vistahermosa
o museo Thyssen, erguíase airosa la
que se llamaba "Torre o torrecilla de
la música", de dos pisos con un
puntiagudo chapitel como remate. En los balcones
del piso superior se situaban los ministriles
para amenizar los paseos de los madrileños.
La torre se localiza en varios planos del
siglo XVII y puede verse en un cuadro que
perteneció al "Marqués
de la Torrecilla" (!), actualmente propiedad
de la marquesa de Santa Cruz, que salió
a la luz pública en una exposición
reciente. En el cuadro se observa a un tañedor
de chirimía amenazando el sosiego de
la tarde madrileña.”